La NOM-035-STPS-2018 obliga a los centros de trabajo en México a identificar y prevenir los riesgos psicosociales, como las cargas excesivas o las jornadas sin fin. No es un trámite menor: según la OMS, la depresión y la ansiedad hacen perder 12 mil millones de jornadas laborales al año. Prevenir exige que empresa y trabajador hagan su parte.
Un lunes llega un correo de Recursos Humanos: “Responde el cuestionario sobre el ambiente laboral en la oficina”. Lo contestas entre dos pendientes, marcas casillas sobre tu carga de trabajo y tu jefe inmediato, y lo olvidas. Semanas después sigues saliendo tarde, con la sensación de que nada cambió. Es una escena común, y deja una pregunta abierta: ¿para qué sirve esa norma y qué te toca a ti?
Spoiler: ese cuestionario era parte de una evaluación de la NOM-035, una de las pocas herramientas legales en México que reconocen algo que muchas personas viven a diario: que el desgaste en el trabajo no depende solo de cuánto aguantes, sino también de cómo está organizado el trabajo. Si todavía no tienes claro si lo que sientes es cansancio o algo más, puedes empezar por estas señales tempranas de burnout laboral.
La NOM-035-STPS-2018, Factores de riesgo psicosocial en el trabajo, se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 23 de octubre de 2018 y aplica en todos los centros de trabajo del país. Su objetivo es identificar, analizar y prevenir los factores de riesgo psicosocial, y promover un entorno organizacional favorable.
¿Qué entiende la norma por riesgo psicosocial? Son las condiciones del trabajo que pueden provocar trastornos de ansiedad, problemas de sueño y estrés grave. La NOM-035 nombra, entre otras:
La norma no usa la palabra burnout, pero su lista se parece mucho a los ingredientes perfectos para el desgaste. La OMS describe el burnout como el resultado del estrés crónico en el trabajo que no se ha manejado con éxito, y esas condiciones son justo las que lo vuelven crónico.
Uno de los aciertos de la NOM-035 es que reparte responsabilidades. No coloca todo el peso en la persona trabajadora ni todo en la organización.
De acuerdo a lo que señala la norma en su inciso 5 es que, el centro de trabajo debe:
Las obligaciones crecen según el tamaño: un negocio de hasta 15 personas cumple con lo básico; uno de más de 50, con todo. Incumplir las normas de seguridad y salud puede costar multas de 250 a 5,000 UMA según el artículo 994 de la Ley Federal del Trabajo, que en 2026 equivalen aproximadamente a entre 29 mil y 586 mil pesos.
El inciso 6 también te da un papel: participar en la identificación de riesgos (sí, ese cuestionario importa), seguir las medidas que se acuerden, informar las prácticas que dañan el entorno de trabajo y denunciar la violencia laboral por los canales que la empresa debe tener disponibles.
Dicho de otra forma: la norma te da voz. Responder con honestidad el cuestionario, documentar una carga que no es sostenible o usar el mecanismo de quejas no es “quejarse”: es usar un derecho que la ley reconoce. Y fuera de lo que marca la norma, hay un terreno que sí está en tus manos: cómo lees tus propias señales de alerta, cómo respondes a la presión y cómo pones límites.

Cuando el desgaste no se atiende, alguien paga la cuenta, y casi siempre la pagan todos.
Hay un costo que no cabe en una tabla: el de la persona que sigue en su puesto, pero ya sin energía ni sentido. Por eso la prevención no es solo una obligación legal; también es una forma de cuidar a quienes hacen posible el trabajo.
En salud pública se habla de tres niveles de prevención, y la OMS los aplica a la salud mental en el trabajo con tres verbos: prevenir, proteger y apoyar. Son útiles porque muestran que no hay una sola acción que lo resuelva todo.
1. Prevención primaria: cambiar las condiciones. Actúa antes de que aparezca el daño. Es el nivel que más pesa en la empresa: distribuir mejor las cargas, aclarar funciones, respetar jornadas, formar liderazgos que escuchen. Es lo que la NOM-035 busca con el entorno organizacional favorable. Tu parte: participar en el diagnóstico y nombrar con claridad lo que sobrecarga tu trabajo.
2. Prevención secundaria: detectar y responder a tiempo. Actúa cuando ya hay señales. Incluye capacitar a mandos para reconocer el desgaste y dar a las personas herramientas para manejar el estrés. Tu parte: aprender a leer tus señales tempranas, regular tu respuesta ante la presión y negociar demandas antes de llegar al límite.
3. Prevención terciaria: atender y acompañar la recuperación. Actúa cuando el desgaste ya afectó la salud. Aquí entran la canalización a atención profesional, los ajustes razonables y un regreso al trabajo cuidado. Tu parte: pedir ayuda sin culpa y buscar apoyo profesional si los síntomas persisten.
La lección del marco es sencilla: una sesión de meditación no corrige una carga de trabajo imposible, y una buena política no sirve si nadie sabe cómo usarla. Se necesitan los tres niveles, y se necesitan las dos partes.

Saber qué le toca a la empresa ayuda a no cargar con culpas ajenas. Pero también deja claro que hay un margen propio que vale la pena trabajar con herramientas, no solo con buena voluntad.
Desde esa idea, la Universidad Intercontinental ofrece el Taller en Burnout Laboral: prevención y gestión del bienestar, de Educación Continua. Es un taller a distancia que inicia el sábado 17 de octubre, con sesiones sabatinas de 9:00 a 14:00 h y una duración total de 20 horas. Lo imparte la Dra. Verónica Neri Flores, doctora en Psicología y Salud por la UNAM, con residencia en Medicina Conductual, y docente de la UIC.
Su enfoque traduce la prevención a la escala de cada persona con tres preguntas: lo que modifico (mis pensamientos, mi regulación, mi descanso), lo que influyo (límites, negociación de demandas, apoyo del equipo) y lo que se escala (lo que corresponde cambiar a la organización). A lo largo de cuatro módulos, cada participante construye su propio sistema de prevención: un mapa de riesgo y protección, un kit de regulación, un plan para gestionar demandas y un plan “Si–Entonces” para las temporadas difíciles.
No se trata de aguantar más, sino de saber cuándo actuar, cuándo negociar y cuándo pedir que el cambio venga de otro lado.
Es la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018, publicada en el DOF en 2018, que obliga a todos los centros de trabajo del país a identificar, analizar y prevenir los factores de riesgo psicosocial y a promover un entorno organizacional favorable.
No usa ese término, pero regula los factores que lo favorecen: cargas excesivas, falta de control sobre el trabajo, jornadas prolongadas, interferencia trabajo-familia y liderazgos o relaciones negativas.
Debe contar con una política escrita, adoptar medidas de prevención, informar a su personal y ofrecer mecanismos de queja. Si tiene 16 trabajadores o más, también debe identificar y analizar los riesgos psicosociales; con más de 50, además, evaluar el entorno organizacional.
Participar con honestidad en el diagnóstico de la empresa, informar las prácticas que afectan el entorno de trabajo por los canales disponibles y, en lo personal, aprender a detectar tus señales de desgaste, regular el estrés y negociar demandas y límites.
La OMS estima que la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de 12 mil millones de jornadas laborales al año y cerca de un billón de dólares en productividad. A eso se suman ausentismo y rotación: reemplazar a una persona puede costar de la mitad a dos veces su salario anual, según Gallup.